domingo, 29 de abril de 2012

Por las tiendas del Jirón de la Unión de antaño

En este artículo la recordada periodista Angela Ramos, nos cuenta sus recuerdos de aquel Jirón de la Unión que se fue, llevándose anécdotas, lugares y personajes que alguna vez le dieron el brillo de antaño, y que ahora forma parte del recuerdo:

Pasemos una rá­pida revista de las tiendas de ese ji­rón que pertenece a la Lima que se fue. Viniendo de la plaza San Martin, sobre la vereda de la derecha, en don­de más tarde fue "El Trocadero" de Pedrín que se había venido de la Pla­za de Armas donde funcionó como "Estrasburgo", estaba la heladería de Luiggi Cristini, con una pianola que tocaba "Ay, Mari; Ay, Mari", mientras que en el fondo, inmenso y tétrico, se proyectaban películas mudas.
Este lo­cal vino a ser, después, el "Morris Bar", con asientos forrados de marroquín rojo y mesas en las que brillaba el cromo por primera vez.

Aquí se sirvieron los primeros "pisqui-sour" a veinte centavos con canela sobre la espuma y una guarnición de azúcar alrededor del vaso. Allí vi, asociados, a dos políticos de más tarde: José Ángel Escalante y Luis Alberto Sánchez. Unos pasos más allá la botica de Anaya y, sobre la vereda opuesta, un cine subterráneo que no sé cómo se llama­ba, y donde se paseaban las ratas impunemente. Unos pasos más allá la Peluquería de Villasol, después la casa de modas de madame Grimaux, en cuyos altos estaban la Young Men Christian y la oficina de ese querido e inolvidable amigo Augustito Leguía Swayne, educado en Londres y amigo de toreros y de coristas. Sus íntimos le habían achacado amores, en Espa­ña, con "la bella estropajito" y él, muy canchero y muy torerito, se reía con el sombrero inclinado sobre la ceja. No quiero olvidar la Sastrería de Blanco, que vestía a los elegantes de esos tiempos.

Y entramos a Baquíjano. Siguiendo siempre sobre la mano
derecha, La Prensa era el centro de atracción no sólo por la prestancia de sus directo­res de antaño, cómo don Alberto Ulloa, sino porque era un diario de oposi­ción y porque allí escribían periodis­tas de la talla de Cisneritos, de Valdelomar, de Yerovi, de Garland, Delboy Emilio y otros; periodistas y bo­hemios jironeros que fueron de toda mi amistad y cariño, excepto Valdelomar y Yerovi, a quienes no conocí. En esa misma vereda, si mal no re­cuerdo, estaba la sombrerería de Ati­lio Varese, la más antigua de su ramo. En Baquíjano, en la vereda del fren­te, estaba la librería "La Aurora Literaria", en donde nos dábamos cita to­dos los escritores y bohemios de en­tonces. Allí llegaba "el chino" Félix del Valle, "Vallecito", con su calva incipien­te, su sonrisa de fauno y sus frases ma­lignas; allí ese hombrón-niño que se llamó Alejandro Ureta y que había permanecido largos años en París. Como del Valle, trabajaba en El Co­mercio. Allí vi llegar con trotecillo de caballito joven a César Vallejo, el ge­nio bailándole en los dos carbones de los ojos. A veces llegaba acompañado del poeta norteño Pancho Sandoval. Fue aquí, en esta librería, donde hizo un día su aparición estrafalaria ese queridísimo "cholo" Ladislao Meza, bohemio y dip­sómano, en uno de sus días terribles. Venía bambaleándose, con un zapato marrón y el otro negro y amarrado a la solapa del saco un gran cordón, que le daba hasta los pies, adonde ha­bía atado, a modo de trofeos, todos los destapadores de botellas y tirabu­zones de las cantinas por donde había pasado...

Antes de "La Aurora Literaria" esta­ba el cine Excélsior, sala frecuentada por las damas bien de otrora, espe­cialmente en los "viernes de moda" en que se publicaban los nombres de las asistentes a palcos y plateas en "Notas Sociales". Y creo que, entre el cine y la librería estaba una compa­ñía de seguros que me parece fue la "Italia".

Vista de la calle Baquíjano, se aprecia el antiguo local del cine Excelsior

Al comenzar La Merced, a la izquier­da, estaba el bazar Pathé, que perte­neció a Hernán Bellido, tan apreciado por todo el mundo. Aquí se vendían discos, papel de cartas, revistas, pos­tales, artículos de escritorios, lindos juguetes y libros. En la acera opuesta estaba el Cinema Teatro de la Merced, que antes se había llamado "Fémina" y que, mutatis mutandi, fue cine Campoamor y cine Biarritz hasta el año pasado (1968) que cayó al golpe de la piqueta.

Inicio de la calle La Merced, se aprecia el local del bazar Pathe y el Palais Concert

Si "la cartilla no se me fue por la calle de la Merced" (la de los recuerdos) estoy casi segura que aquí estaba la tienda de Kitsutani, una tienda millonaria en la que se vendía "desde un buque hasta un palillo de dientes". Era de un deslumbramiento oriental. Uno se mareaba viendo los enormes floreros de porcelana de Satsuma al pie de los pequeños de dos pulgadas, floreros que nos hablaban de lejanas dinastías, damascos que evocaban suntuosas geishas, brocados de deslumbrante colorido, biombos de fina laca con animales pretéritos relevados en pan de oro y flores exóticas que nos hablaban del misterio de las tierras de los samurais. Alfombras, cortinas, petates, sedas estampadas eran una alucinación para los ojos y una tentación para el bolsillo.

  Vista hacia la calle La Merced, puede apreciarse el cartel del antiguo cine Campoamor, c. 1950

El inolvidable Palais Concert

Y allí, en esa esquina de Baquíjano, está el lugar más querido y buscado de los limeños de entonces: el Palais Concert. Por una puerta se entraba al salón de té y por la otra al bar y a la confitería. La puerta del Palais siempre estaba llena de futres y de chismes. Allí los hermanos Sánchez Concha, Pico y Sarapico, el "bibelot" Campodónico, Antuco Garland, Gui­llermo Dyer, Nicolasito Dora, el "ña­to" Vélez Alvarez Calderón. Y vestido con su atuendo barroco de zapatos con "capellada" y gran cordón soste­niendo los anteojos, ese grande de nuestras letras que fue Abraham Valdelomar; ése que dijo que el Perú era Lima y Lima el Jirón de la Unión... Adentro estaban ellas mirándose en los espejos de las columnas y coque­teando con los galanes, mientras sor­bían las deliciosas "champañitas" pre­paradas por los hermanos Gamarra, barman uno y dueños del salón am­bos. Las damas vienesas, blondas y bellas, desde la galería situada en la parte alta, echaban al vuelo las notas de sus violines y violas y Franz Lehar nos embrujaba con la magia de una música que ya no se volverá a repe­tir...De repente aparecía Carmen (así se llamaba o mereció llamarse), la florista chulapona que dejaba en las mesas sonrisas y perfumes de jaz­mín del Cabo. Y los espejos triplican­do las figuras.
Estos espejos del Pa­lais fueron el último rezago de la co­quetería limeña.

Caballeros en la entrada del Palais Concert (1917) 

Las damas vienesas del Palais Concert, especialistas en potpurríes y en tocar cada diez minutos (1917)

Fuente: Revista Oiga N°326 (1969)
Fotos:
-Revistas Variedades 1917
-Internet: 
Lima desparecida
Skyscrapercity/ Lima de siempre 

No dejes de leer nuestro anterior artículo sobre el Jirón de la Unión: El Jirón de la Unión: Un recorrido de recuerdos

jueves, 22 de marzo de 2012

Ernesto Ascher

Para quienes gustan de conocer tradiciones y rincones de nuestra capital, Ernesto Ascher no debe ser un desconocido. Dio a conocer, en libros y artículos periodísticos, inesperadas revelaciones sobre personajes, esquinas y casas de la ciudad, que nos develan una Lima llena de curiosidades que gracias a sus investigaciones podemos conocer hoy.

Ernesto Ascher

El padre de Ascher era un alemán que servía en la Marina de Guerra de los Estados Unidos. En una visita al Perú se enamoró de una peruana de apellido Freymann y aquí se quedo. Se enamoró tambien de Lima y comenzó una colección de grabados postales que su hijo continuó.

Ernesto Ascher nació en Lima el 31 de octubre de 1902 en la calle Ortiz, actual cuadra 3 del jirón Huancavelica en el Cercado de Lima. Estudió en el Instituo Lima, en el Colegio Guadalupe y en la Academia Internacional de Contabilidad, Comercio e Industria.

Don Ernesto fue un hombre de vastísima y brillante experiencia en el campo comercial, de la publicidad y de los medios publicitarios. Fué director comercial de "La Prensa", director de publicidad de la revista "Caretas" y creador, promotor o dirigente de numerosas instituciones y empresas.
Fue catedrático en La Católica y director de Radio Expreso, funcionario del Banco de Fomento Agropecuario del Perú y produjo y protagonizó un programa de televisión.

Ernesto Ascher y el periodista Gino Cúneo

La cultura limeña de Ernesto Ascher era asombrosa, sabía qué había existido antiguamente en donde ahora se levantan modernos edificios, así como la historia de las antiguas calles y plazas de Lima, por ejemplo, que la Plaza Elguera (esquina Wilson-Quilca) se llamaba "Plaza de la Salud", y que ésto era una ironía, porque en esta plaza afloraba un brazo del río Huatica que olía a rayos.

El amor de Ascher por Lima, lo llevó a escribir algunos libros llenos de insólitos y amenos hallazgos en la ciudad. Así salieron de la imprenta: "Historia del Pasado y Observaciones del Presente" I, II y III (alrededor de 1959) y "Curiosidades Limeñas" (1974).
Además escribió el libro "Lima y Callao y sus loterías" y difundió sus averiguaciones y hallazgos en charlas, emisiones radiales y artículos periodísticos.

Para quienes lo conocieron, Ernesto Ascher fue un hombre tenaz, afable y sencillo, con humor y hasta sandunguería 100% limeños.

Algunos geniales libros de Ernesto Ascher, de la colección de Lima de Ayer y Hoy.

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viernes, 16 de marzo de 2012

Lima alegórica y mitológica: Hermes o Mercurio en Lima

Ésta publicación es una reunión de observaciones realizadas en diferentes recorridos por el centro de Lima, lleno de lugares, edificaciones, esculturas y monumentos antiguos, que encierran detalles y curiosidades que con un poco de detenimiento para observarlos se pueden encontrar.
Las apreciaciones que se hacen se basan en documentación que he podido conseguir y en la misma observación de la representación. Éste no es un estudio artístico, arquitectónico, histórico etc; es sólo la opinión de alguien que le gusta caminar por la antigua Lima, apreciando el encanto de sus viejas calles, y desea compatir sus "hallazgos". Sigue el artículo:

Si caminamos por el centro de Lima, observando con detenimiento sus antiguas edificaciones y monumentos, veremos que estos están llenos de detalles, de figuras y símbolos, que tienen un significado y representan alguna expresión artística propia de una época. Podemos observar en varias construcciones antiguas, molduras de alegorías mitológicas, pueden verse esfinges, cabezas se seres fantásticos, leones, molduras de aves, etc. Es común observar muchas alegorías florales acompañadas de cabezas femeninas adornando muchos edificios antiguos de estilo art nouveau.

Detalle de la casa de Juana Alarco de Dammert, en el jirón Callao

Detalle de casona en la Av. Colmena

Los monumentos encierran diversos símbolos; una corona de laureles, una antorcha, una rama de olivo, una escultura de niké, etc; son símbolos alegóricos que embellecen y dan significado a una obra. En este artículo trataré de uno que ha captado mi atención por haberlo encontrado varias veces y representar una divinidad de la mitología clásica, cuyas caraterísticas lo hacen muy cercano a los mortales, por lo que se le ha representado repetidas veces, ya sea de cuerpo entero, sólo la cabeza o mediante sus símbolos propios. Me estoy refiriendo a Hermes, según la mitología griega, o Mercurio, según la romana, y su principal atributo, el caduceo.
Este dios mitológico, ha sido representado en varias edificaciones antiguas de Lima, e incluso su símbolo está presente en uno de nuestros primeros monumentos.

¿Quién es Hermes y qué representa?

Según la mitología helénica, Hermes fue hijo de Zeus y Maia, una de las Pléyades. Su augusto padre lo hizo mensajero y heraldo de los dioses. Para ello, le puso alas en los pies y en su tocado, que es una especie de gorro o pétaso alado con el que se le ve siempre representado. Como heraldo de los dioses preside sobre la habilidad en el uso de la palabra y la elocuencia en general, como diestro orador, era especialmente empleado como mensajero, cuando se requería elocuencia para lograr el objeto deseado. Además de ser el mensajero de los dioses y dios de la elocuencia, por sus dotes de persuación, es tambien el dios de la prudencia, la astucia, el fraude, el perjurio y el robo, por ser muy astuto y perspicaz, y porque el mismo fue un ladrón desde la noche en que nació, cuando escapó de su cuna para robar el ganado de su hermano mayor, Apolo.
Hermes es también el protector de los viajeros y caminantes, muchas estatuas del dios fueron erigidas en la antiguedad, en los caminos y las puertas. Además, es él quien difundía los grandes inventos y el que protegía toda clase de trabajos y ejercicios físicos.
Finalmente, y ésta es una de sus representaciones que ha triunfado modernamente: era el dios del comercio y de la suerte. Como el comercio es el origen de la riqueza, Hermes es también el dios de las ganancias y la riqueza.

Sus símbolos

Hermes puede ser reconocido, por sus sandalias aladas, su gorro o pétaso alado, a veces las pequeñas alas le salen del pelo no llevando entonces sombrero, su monedero o bolsa y el caduceo o vara de heraldo.

Hermes

El Caduceo

Es la insignia del heraldo, más conocida como atributo mágico de Hermes o Mercurio. En su forma más usual consta de dos serpientes, enrrolladas sobre una varilla, sostenida por un par de alas.
Según la mitología griega, Hermes le robó a Apolo parte de su rebaño de vacas, quien al encontrarlo le exigió que se las devuelva. Hermes no pudo devolver dos, ya que las había sacrificado a los dioses. Para calmar la ira de su hermano, Hermes le relagó la lira de siete cuerdas que había inventado y que a Apolo tanto le había gustado. Apolo correspondió este obsequió regalándole a Hermes su látigo de vaquero hecho de un rayo de sol.
Según se dice, Hermes encontró en el Monte Citerón a dos serpientes peleando y arrojó el látigo o varita que le relagó Apolo para separarlas y vió cómo se enroscaron y entrelazaron alrededor de la vara, de tal forma que la parte más alta de sus cuerpos formaron un arco, quedando sus cabezas frente a frente sin señal de enemistad. Después de esto Hermes se sirvió de sus funciones, con el caduceo adormecía y despertaba a los mortales, atraía a ellos las almas de los fallecidos o las conducía a la morada de los muertos o al infierno, sujetaba los vientos y disipaba las nubes, convertía en oro lo que tocaba, transformaba las tinieblas en luz. Era una vara de poder, siendo para el hombre fuente de seguridad, paz, concordia, beneficio y fortuna. Los griegos hicieron de este emblema el sello distintivo de los heraldos y embajadores. Posteriormente los marinos adornaron los barcos mercantes colocando este símbolo en la proa. También se empezó a utilizar como símbolo de la medicina, aunque actualmente, es el bastón de Esculapio, el que se considera como verdadero símbolo de la medicina.

El Caduceo

Buscando a Hermes en Lima

Qué mejor lugar para comenzar la búsqueda que en el Jirón de la Unión, eje comercial de Lima desde sus inicios, basta mencionar las calles Mercaderes y Espaderos para comprobarlo. El Jirón de la Unión albergó muchos establecimientos comerciales a lo largo de sus calles, que en su tiempo de esplendor lo adornaron con elegantes establecimientos de bella arquitectura en armonia con los tradicionales balcones.
Siendo Hermes dios del comercio, no ha de soprender verlo representado en alguna edificación del Jirón de la Unión. Y andando como se debe andar por la antigua Lima, mirando hacia arriba, camino hacia la Plaza Mayor desde la San Martin, nos encontraremos a Hermes, acompañado de otras divinidades, representado de cuerpo entero, llevando pétaso y sandalias aladas, y portando el caduceo, en las fachadas laterales del Palais Concert, antigua confitería, salón de té y bar, que además albergó la sala de cine mudo Imperio y la tienda de artículos de fantasía Lafayette.
Aquí Hermes simboliza el comercio y es emblema de prosperidad, y por qué no, simboliza también la elocuencia de los literatos y bohemios que visitaban el Palais Concert en sus buenos tiempos.

El Palais Concert

Hermes con pétaso y pies con alas, portando el caduceo

Hermes acompañado de una figura femenina

Continuamos caminando, apreciando la bella arquitectura de los antiguos inmuebles del Jirón de la Unión, prestando atención a los detalles. Llegamos a la plazuela de La Merced, nos detenemos a observar la hermosa fachada barroca de la iglesia, vigilada a toda hora por don Ramón Castilla. Frente a la iglesia de La Merced, se encuentra el bello edificio que fuera sede del Banco Internacional del Perú, actualmente ocupado por la tienda Oeshle. Al haber sido construído para ser un banco, podría mostrar a nuestro personaje, que representa el comercio, la ganancia y la riqueza.
En la fachada no advertimos alguna alegoría. Ya que se puede ingresar, revisemos los detalles del interior; el edificio ha sido acondicionado para albergar una tienda por departamentos, pero es notoria la belleza de su diseño original. En el tercer piso, nos encontramos con una impresionante cúpula, cubierta de azulejos con detalles florales y figuras mitológicas. Y ahí encontramos a Hermes, representado en los azulejos, portando el pétaso o gorro alado. Su presencia simboliza el comercio, la ganancia y la riqueza, como se ha mencionado.
Es lamentable que en la tienda no resalten la belleza de esta cúpula, a la que arruman mercadería para exhibición.

Antiguo Banco Internacional del Perú

Detalle de Hermes en la cúpula de azulejos del interior del antiguo Banco Internacional  del Perú

Seguimos caminando y llegamos a la calle de Espaderos, en donde observamos un antiguo inmueble con un bonito balcón, que fue local del Banco y Monte de Piedad "La Providencia". Observando con curiosidad el balcón, notaremos un símbolo a ambos lados de sus esquinas superiores, es el caduceo o estandarte de Hermes, aparece adornado con el pétaso alado y cruzado con dos cornucopias. Simboliza el comercio, la ganancia, la riqueza y la prosperidad.


























El caduceo en las esquinas superirores del edificio





Antiguo Banco y Monte de Piedad
"La Providencia"

Ahora recorramos otras calles buscando a Hermes. Caminando por el Jirón Huallaga nos encontramos con una impresionante edificación, que fue sede del Banco del Perú y Londres. En este bello edificio destaca su impresionante tímpano de mármol adornado con varias figuras mitológicas, lideradas por el personaje principal que es Hermes, portando sombrero o pétaso alado. Aquí, nuevamente Hermes simboliza el comercio, las ganancias y la riqueza.
Ésta notable obra es del s. XIX , la ejecutó el escultor griego Antonin Mercie (1845-1916), también autor de la "Gloria" colocada en el frontis de la Cripta de los Héroes.

Hermes al centro, al lado de dos personajes mitológicos. Representan la Banca, la Industria y el Comercio

Hermes liderando una corte de figuras mitológicas

Antiguo Banco del Perú y Londres, hoy Edificio Luis Alberto Sánchez

Impresionante tímpano de mármol, conteniendo varias figuras mitólogicas
(Click para agrandar)

Cabeza de Hermes en una esquina del edificio


Sigamos caminando, recordemos que estámos por el que fue el centro financiero y comercial de Lima y es posible encontrar alguna representación más del mensajero de los dioses. Caminando por el jirón Miroquesada llegamos al antiguo edificio del diario El Comercio; nos detenemos a observarlo y ahí encontramos a Hermes el mensajero del Olimpo, representado en el frontis del edificio. Al ser éste el local de un diario, Hermes puede estar representado como dios mensajero, hábil en el uso de la palabra y la elocuencia. Aparece llevando pétaso y sandalias con alas, y portando el caduceo; está acompañado de Atenea, diosa de la sabiduría, la civilización, las artes, la estrategia, la guerra y la justicia. Ella lleva casco y lanza, túnica larga y la égida (especie de coraza de piel de cabra). Sostiene en una mano a Niké, la diosa de la victoria. Entre las dos divinidades aparece una cornucopia o cuerno de la abundancia derramando monedas, símbolo de la prosperidad.

Edificio de El Comercio

Hermes y Atenea

Detalle que recuerda el Caduceo en las rejas de las ventanas del edificio

Ésta zona está llena de imponentes y antiguos edificios. Sin ir más lejos, observamos el edificio que esta frente al Comercio. Fue sede del banco Royal Bank of Canadá y ahora el Ministerio Público y la Fiscalía de la Nación ocupan sus instalaciones. Observando sus detalles, vemos que en lo alto lo adornan representaciones de hombres y mujeres con herramientas de trabajo. En la parte alta de las fachadas laterales del primer piso, llama la atención un cuadro en alto relieve, en el que se ve representada la cabeza de Hermes con pétaso alado, coronando un círculo que encierra las figuras de un barco de velas navegando en un agitado océano habitado por monstruos marinos. Recordemos que además de ser el dios del comercio, Hermes es el protector de los viajeros, quien disipa los vientos y las nubes, y da seguridad y fortuna. Así se le advierte en ésta representación, como símbolo de protección, beneficio y fortuna.

El antiguo Royal Bank of Canadá

Representación de Hermes con gorro alado, en los costados del edificio

Ahora busquemos un poco más allá, en los Barrios Altos, lleno de casas antiguas y centro comercial por el Mercado Central. Entrando por el jirón Ancash, cruzando la Escuela de Bellas Artes, llegamos a la esquina con Andahuaylas y vemos al frente una bonita casa antigua de color azul, con balcones rasos por un lado y dos balcones abiertos en el otro, cada una de las puertas del segundo piso está adornada en la parte superior por unas molduras florales coronadas por un busto de Hermes, portando el pétaso alado. Hermoso detalle.
Quizás ésta casa albergó desde sus inicios algún negocio y su dueño o constructor conocedor de la simbología de Hermes, la adorno con su figura, para estar al amparo del dios del comercio, la riqueza y la ganancia.

Antigua casa en el jirón Andahuaylas, que muestra la figura de Hermes sobre las puertas del segundo piso

Busto de Hermes que se encuentra sobre cada una de las puertas del segundo piso

En busca de Hermes, llegamos hasta la Plaza del Cercado, recientemente remozada. Ésta antigua plaza está adornada con bellas estatuas de mármol de significado alegórico, éstas estatuas estuvieron en un principio adornando la Plaza Mayor y los jardines del Parque de la Exposición. Observando una por una, detengámonos en la representación de la justicia, personificada por la diosa romana Giustizia.

Giustizia

Está representada como una joven mujer con gesto adusto, lleva casco, bella túnica y coraza, en la mano izquierda porta una balanza y en la derecha una espada.
El gesto adusto y grave inspira temor, la balanza representa el equlibrio y la rectitud, y la espada representa la autoridad ejercida con firmeza. En las hombreras de la coraza se ven cabezas de león, representan la fuerza y el temor de enfrentarse a la justicia. Sobre la coraza, en el centro del pecho, se aprecia una pequeña cabeza alada, que trae a la mente la figura de Hermes o Mercurio, si fuera una representación suya, podría simbolizar su rol de mensajero, siendo él quien comunicaba el mandato de los dioses.

Puede observarse una cabeza alada en el pecho de Giustizia

Ya hemos llegado casi a los límites de la antigua Lima amurallada. Ahora vayamos a inspeccionar por esos lugares que surgieron en la Lima moderna que buscaba expandirse, para lo cual se derribaron las murallas coloniales. Vamos hacia el Paseo Colón, pero antes demos una mirada por el cementerio Presbítero Maestro, que está cerca de la plazuela del cercado.
Ahora convertido en museo, el cementerio guarda hermosas esculturas, llenas de alegorías al más allá, junto a impresionantes mausoleos. Seguramente aquí podriamos encontrar alguna representación de Hermes, recordemos que portando el caduceo, conducía a los facellidos a su última morada.
Sólo observando desde las rejas de la entrada principal, podemos ver el bello mausoleo de mármol del mariscal José de la Mar, en el que se puede apreciar la figura de una joven mujer sentada, vestida con una túnica, portando en la mano izquierda el caduceo, el estandarte de Hermes, con el que guiaba a los muertos a su destino final. El cementerio está lleno de alegorías a la muerte, seria necesario un recorrido pausado para ubicar alguna más del dios mensajero. Ahora sigamos hacia el Paseo Colón.

Mausoleo del Mariscal José de La Mar

Detalle del mausoleo de José de la Mar. Mujer sentada portando en la mano izquierda un caduceo

El Paseo Colón surgió a comienzos del s. XX, como un espacio moderno de la ciudad, que trataba de expandirse más allá de sus antiguos límites. Fue ésta una vía elegante, a donde los limeños iban a pasear en carruajes, respirando el aire fresco de este nuevo espacio rodeado de árboles y jardines y adornado con bellas esculturas. En el Paseo Colón, se encuentra el Palacio de la Exposición, actual Museo de Arte de Lima. Se construyó para albergar una gran exposición de productos naturales, agrícolas y manufacturados en 1872. Alrededor del edificio se construyeron parques, pabellones y glorietas, que hacían de este lugar un bello espacio al estilo europeo de la época.
Con el trazo del Paseo Colón, se trajeron a esta moderna vía, unas esculturas que años antes habían llegado a Lima, para adornar otros lugares. Así arribaron a este lugar, las cuatro estatuas alegóricas de las estaciones del año, que se encontraban en la Plaza Mayor, y como principal figura, la escultura de Cristóbal Colón, que originalmente se encontraba al final de la desaparecida Alameda de Acho, frente al coloso taurino.

La estatua de Cristóbal Colón, fue encargada por Ramón Castilla al escultor genovés Salvatore Revelli y se inauguró el 3 de agosto de 1860. El monumento pudo haberse encargado por representar para la época, el progreso, el esfuerzo y la ciencia. Quizás tambien como eco de un congreso de científicos italianos celebrado en Génova, que dio origen a la construcción de una serie de monumentos y plazas en honor al navegante.

Monumento a Cristóbal Colón

Cristobal Colón está representado con una gran capa y una gorra con plumas, a sus pies aparece una mujer desnuda, se trata de una india que representa a América. Con una mano sostiene una cruz y con la otra rechaza una flecha, mostrando así su calidad humana y su actitud pacífica. Se advierte en el personaje una actitud de protección y benignidad.

En la parte frontal del gran pedestal, se representa un emblema alusivo a la navegación marina. Se observan dos pabellones a manera de velas entrelazadas, en donde se ven dos figuras que serian las de Cristo y la Virgen; los pabellones se sostienen de dos espadas cruzadas en el fondo. En el centro se ve una corona de laureles sobre dos cornucopias llenas de frutos; y resaltando en el centro, se aprecia el caduceo, emblema de heraldo de Hermes, adornado con dos alas. Estaría representado como símbolo protector de los viajeros y embajadores, recordemos que el caduceo sujetaba los vientos y disipaba las nubes, y transformaba las tinieblas en luz.

Detalle del pedestal de la estatua de Cristobal Colón, en el centro se aprecia el caduceo

Veamos ahora el hermoso edifico del Museo de Arte de Lima. Ya sabemos algo de su historia, hay que mencionar también que su estilo constructivo fue novedoso para la época: combinación de estructuras metálicas, con fachada tradicional hecha de ladrillo. La fachada es de corte renacentista.

Museo de Arte de Lima, antiguo Palacio de la Exposición

Observando los detalles del edificio se pueden apreciar unos frisos que corren sobre la primera planta. En ellos se representan símbolos de diversas actividades: artísticas, como la pintura, la música, la escultura, etc; científicas como las matemáticas y la astronomía y otras como la navegación marina. Éstas actividades se representan mediante las herramientas usadas para su realización. Entre éstas figuras se aprecian también rostros masculinos y femeninos, animales y alegorías florales.

Friso con alegorías en el Museo de Arte de Lima

Curiosamente una de las figuras en los frisos representa los símbolos de Hermes; podemos ver el caduceo con alas, coronado por el gorro de Hermes, a un lado vemos un monedero, símbolo caraterístico del dios del comercio; y al lado izquierdo, lo que sería la representación de un hito de piedra, sobre el cual se lee LIMA, indicando así la ubicación de la ciudad y pudiendo significar a Hermes como guía y protector de los viajeros.

Alegoría con los símbolos de Hermes, puede leerse LIMA sobre una de las figuras.

Es interesante notar que en la alegoría que representa la navegación marina, con un globo terráqueo, un catalejo y lo que parecen ser un plano y un compás; sobre el globo terráqueo se lee EUROPA.

Alegoría significando la navegación marina; puede leerse EUROPA sobre la figura del globo terráqueo.

Una curiosidad es que en algunas partes del friso, éstas alegorías en las que se lee LIMA y EUROPA repectivamente, aparecen juntas; representadas en símbolos relacionados a los viajes. Éste hecho intencional o de coincidencia, podría interpretarse como la admiración de la gente de la época por la cultura europea, como lugar de evolución cultural y científica.

Alegorías en las que se lee EUROPA y LIMA, respectivamente

Hemos podido encontrar alegorías en edificaciones y monumentos que felizmente han llegado a la actualidad, pero cuántas representaciones del dios mensajero y del comercio se habran perdido en el tiempo.
Hubo una que desapareció junto al inmueble donde se ubicaba; se trata del gran medallón de Hermes que fue símbolo del desaparecido Banco Comercial de Lima, que se ubicaba a media cuadra de la plaza San Martin. Este símbolo se encontraba a un extremo de la fachada del edificio. Lamentablemente la imponente edificación fue incendiada en el año 2000 en medio de disturbios.













Símbolo del desaparecido Banco Comercial del Perú.

En la foto de la derecha, puede verse este símbolo en la fachada del edificio.











style="text-align: justify;"> Hemos realizado un largo recorrido en busca de las representaciones de Hermes o Mercurio en Lima, en la Lima antigua. Hemos encontrado varias, siendo interesante verlo representado en sus diferentes atributos, como dios del comercio, mensajero, protector de los viajeros, guía de los difuntos. Seguramente existiran más, sólo es cuestion de seguir observando atentamente las antiguas casas, edificios y monumentos de Lima y quizás nos encontremos con alguna sorpresa.

Documentos consultados:
Hermes:http://es.wikipedia.org/wiki/Hermes
El símbolo de la medicina-origen y evolución:http://bvs.sld.cu/revistas/abr/vol40_1_01/abr071-200.htm
Atenea: http://es.wikipedia.org/wiki/Atenea
Diosas de la justicia:http://www.lawiuris.com/2008/07/16/diosas-de-la-justicia/
Libro: Las mejores leyendas mitológicas (1969) - José Repolles
Libro: Obras de Arte y Turismo Monumental (1996) - José Antonio Gamarra Puertas
Libro: Lima en el IV Centenario de su Fundación (1935) - Editorial Minerva
Libro: Lima:Paseos por la Ciudad y su Historia (1998) - Diario Expreso y Banco Sudamericano

Visita el album "Lima alegórica y Mitológica: Hermes o Mercurio en Lima", en el facebook de Lima de Ayer y Hoy: facebook/Hermes o Mercurio en Lima

viernes, 9 de marzo de 2012

La Casa Hacienda Infantas

En la urbanización Infantas del distrito de San Martin de Porres, se encuentra la Casa Hacienda Infantas, una bella edificación de tiempo colonial que ha llegado a nuestros días, pese al deterioro de su infraestructura. Actualmente la casona ha quedado rodeada de casas y en sus instalaciones funcionaba hasta hace poco una escuela inicial, pero debido al riesgo de derrumbes dejó el lugar. Pero sus ambientes continuan siendo usados por la Asociación de Propietarios de Infantas.

La Hacienda Infantas se dedicaba principalmente al cultivo de caña de azúcar, cerca se encontraba la estación de tren Infantas, que era la segunda del ferrocarril Lima-Ancón, inaugurado en 1870. La estación de Puente Piedra, sobre el río Chillón, se hallaba a 22km de Lima, en la parte alta del mismo valle.

Casa Hacienda Infantas
Atribuida a Villroy Richardson. Década de 1870

Historia de la Casa Hacienda Infantas

Según el portal de la Universidad Católica Sedes Sapientiae, "la Casa Hacienda Infantas viene soportando con poca fuerza el paso de los años y la indiferencia de todos; este bello exponente de la arquitectura rural formó parte de los bienes del convento de Nuestra Señora de la Concepción en el siglo XVI. Uno de los primeros arrendatarios de la casa fue Jerónimo Infante del Real, quien se comprometió en 1667 a pagar un canon de 3 500 pesos anuales por un lapso de tres vidas (padre, hijo y nieto) naturales. Por esos años, la hacienda comenzó a llamarse Infantas, nombre que provenía de la mala pronunciación de Infante. Esta hacienda, de más de 190 fanegadas de extensión (570 hectáreas), se dedicó a lo largo de la colonia a la producción de trigo (XVII) y caña de azúcar (XVIII), además del cultivo de alfalfa y crianza de ganado. Es durante el siglo XX que la hacienda reemplazó el cultivo de azúcar por algodón debido a la gran demanda internacional y al incremento de su precio. Pero el cultivo de caña de azúcar no fue desechado del todo, pues dependiendo de las fluctuaciones del precio del mercado europeo, los propietarios decidían cuando sustituir los cultivos de algodón por los de caña de azúcar. La gran demanda de materias primas obligó a los propietarios a industrializar la producción. Para ello adquirieron modernas maquinarias y herramientas, las mismas que en la actualidad han desaparecido, al igual que los utensilios y demás enseres coloniales y republicanos..." (estudio del Lic. Santiago Tácunan Bonifacio, Docente del área de historia de la UCSS).

Del blog Rumbo al Bicentenario de Juan Luis Orrego Penagos
http://blog.pucp.edu.pe/item/86185/notas-sobre-la-historia-de-lima-norte-los-tiempos-virreinales.

Casa Hacienda Infantas en la actualidad. 2012

Qué nos cuentan los vecinos
Frente a la antigua casona, vive una dama cuyo padre fue capataz en la otrora hacienda Comas. Nos cuenta que su padre llegó a conocer esta bella edificación cuando aún mantenia su estructura completa y que en el terrible terremoto de 1940, parte de la edificacion se derrumbó, quedando sólo lo que ha llegado a la actualidad. Antes de llegar a vivir en lo que se conocía como Pueblo de Infantas, vivió en la hacienda Comas, la que recuerda con nostalgia, cuando aún era todo una magnífica pampa, en la cual soldados venían ha realizar maniobras militares. Recuerda el paso del tren de Lima a Ancón, cuyos silbidos daban la hora a los trabajadores, los viajes hacia Lima y los paseos a la Pampa de Amancaes.
Nos cuenta que cuando hace mucho tiempo, los vecinos por propia iniciativa limpiaron la vieja casona, descubrieron lo que sería el inicio de un túnel que correría debajo de la casa, asegura haberlo visto ella misma. El espacio estaba en muy malas condiciones y optaron por clausurarlo. Menciona que los últimos habitantes de la casa fueron japoneses, los cuales habrían sido deportados en los cuarentas, durante el gobierno de Prado.

Sólo nos queda decir que esta bella edificación es valiosa porque está llena de historia y por su construción en sí, siendo uno de los pocos ejemplos de antiguas casas haciendas que existen en Lima. Su conservación y restauración, no puede esperar mucho tiempo, no esperemos que el tiempo se la lleve en medio del olvido y la indiferencia.

Foto comparativa c. 1870 - 2012

Visita el albúm de la Casa Hacienda Infantas en el facebok de Lima de ayer y hoy: http://www.facebook.com/media/set/?set=a.288940257844167.67715.206654482739412&type=1.

Cómo llegar a la Casa Hacienda Infantas:
Puede llegar por la Av. Panamericana Norte y bajar en el paradero Óvalo Infantas (Av. 25 de enero). De ahi puede llegar a pie (4 cuadras). Vea el plano:


sábado, 3 de marzo de 2012

De de seis a seis el sol achicharra

La exageración limeña ha­cía que los antiguos de la Colonia, exclamaran en el verano: “De seis a seis hace un sol abrasador, y el calor es tan sofocante como para morir re­ventado”.
Y si esto no sucedía, debíase - según los de la época - a la tisanera, el heladero, el barquille­ro, el fresquero, etc., que con sus productos “frígidos” regulaban la temperatura interior.
Así, a las siete de la mañana salían los criados a la calle, con sus envases, al grito pregonero:




Aquí la fresca tisana

para niñas melindrosas
que despiertan con un ojo
y se arropan perezosas

¡La tisanera se va!

¡Tisaaaaaaana con nieve!





Estampas de Pacho Fierro
(1807-1879)

En realidad, era la nieve lo que refrescaba a limeñas y limeños, pero nieve natural de los límites finales de Lima y Huarochirí, desde las alturas de Acobamba, Santa Olaya, etc. En esos luga­res era cortada y protegida por trozos de sal y cubierta por toto­ras, para ser transportada a la ca­pital por los caminos de herradura que descendían a la costa.
Precisamente en lo que hoy es Hacienda Nievería había un gran depósito de transbordo, siendo obligado sitio de “pascana”. Ya en Lima, la nieve, era vendida a los mayoristas, que la distribuían a tiendas y casas.
Con la nieve andina se hacían helados, los que a las dos de la tarde y ocho de la noche origi­naban pregones como éste:



¡De pistache! ¡De pistache!

¡Hay que matar el calor!
¿Quién me llama?

¿De imperial? ¿De chocolate?
¿Un heladito, señor?

Y poco después del atardecer, se renovaba la venta pregonada:

¡Barquilluelos de canela!
¡Barquillero! ¡Barquillero!



Con el tiempo, la nieve fue de­clarada propiedad de la Corona, fundándose el Estanco de la Nie­ve. Desde entonces, cuando lle­gaban los indígenas a las alturas encontrábanse con un mayordo­mo y alguaciles, que controlaban el corte, impedían que lo hicieran personas ajenas al comercio, y a la vez, cobraban el impuesto del Rey.

Frescos y helados comenzaron como labor casera, pero a raíz de su paulatino encarecimiento, se convirtió en industria comercial.
Al finalizar el siglo XVIII, la venta de estos productos en la capital efectuábase en los cafés - de reciente aparición -, puestos callejeros de ubicación fija, y mediante vendedores ambulantes.

Famosas fueron las tisanas de la Plaza de Armas y calle Valladolid, en donde desde las seis de la mañana se expendían emolientes, frescos de limón, piña, guinda, tamarindo, moras, agua de granadas, horchata y suero.
Cabe anotar que, a mediados del siglo XIX, se desayunaba a las seis de la mañana, se almorzaba a las once, y se comía o merendaba a las cinco de la tarde.

Los helados que se vendían en la calle Las Animas, La Merced,Plumereros, etc., eran los más acreditados, cuya fama - ya a fines del siglo XIX - fue heredada por los de Broggi y los de Capella, quienes sostuvieron furiosa competencia.
El primero, que acababa de volver de Europa, trayendo los “últimos adelantos” en la materia, desafió públicamente a su competidor. Debía presentar, como él, helados distintos todos los días, sin contar los habituales: a la Pellisier, a lo Tayllerand, a lo Napoleón, a lo Bolívar.

Antigua confitería Broggi Hermanos

La tisanera vendía sobre su acémila, que transportaba espigados recipientes de barro cocido, o pipas de madera. Y recorría los lugares distantes de los puestos.
Mayor campo de acción tenía el heladero que ofrecía su mercadería de limón, imperial, fresas, chocolate, naranja, leche, etc. El vulgo los llamaba despectivamente “moros”, porque usaban un trapo enrollado en la cabeza como rosca donde descansaba el doble cubo de madera: el exterior con nieve, sal y aserrín, estando los helados en el cubo interior.

Tomás Capella, heladero italiano (1860)

Fueron tan solicitados los helados y las bebidas “frígidas”, que en verdad muchos creían que sin estos “refrigerantes”, la muerte era inminente en la canícula. Sobre todo nuestras remilgadas damitas, aquellas a las que “un ñorbo las descalabra y un jazmín les da jaqueca”.
Hasta que parece que los limeños descubrieron que la “refrigeración” también era posible exteriormente, pero de todos modos, para no perder la costumbre de exagerar, decían: “Doy un ojo de la cara por un poco de nieve, y por un baño los dos”.

Heladero

Fuentes:
Revista Caretas N°304 (1965)
Libro: Pancho Fierro y la Lima del 800
Libro: Acuarelas de Pancho Fierro (MML)
Libro: La recuperación de la memoria. Perú 1842-1942